sábado, 23 de abril de 2011

A Shanghai´s Market


 

Aunque su perfil galáctico diga lo contrario las entrañas de Shanghai nos muestran otra realidad. Vaya maraña de interiores donde sus habitantes conviven los unos con los otros. Política de puertas abiertas en las casas, juegos de cartas en las esquinas y cotilleos en las aceras acompañados de sus interminables cigarros.

Si hay algo que no puede faltar en un viaje es su correspondiente visita al mercado, creo que es el ambiente perfecto para conocer la esencia real de los habitantes de un lugar. Pues cosas del destino, que me lo pone fácil, justo debajo del hostal en el que estábamos había un mercado. Y yo ¡¡Que guay!! Si guay del todo a las 5.30 de la mañana ya estaban en marcha, gritos, pitidos y mucho jaleo.

Y guardándonos nuestro rencor marmotil visitamos el mercado con nuestro mejor espíritu (olvidándonos de haberlos maldecido veinte millones de veces por despertarnos) A pesar de todo, el espectáculo que pudimos ver dentro mereció la pena,ya que era realmente un ambiente auténtico, fuera del circuito turístico del que es tan difícil salir en China por la falta de comunicación. Los hombres fumando comentando las jugadas,o simplemente sentados observando con su termo de té,  señoras regateando encarnizadamente como si les fuese la vida en ello, un chico llevando sacos de harina de 30 kilos y que iba dejando un senderillo blanco tras de sí y por supuesto el inevitable choque cultural gastronómico que ahora os cuento.

Pasta fresca



Aunque el mercado era pequeño tenía diferentes secciones:
paradas con diferentes tipos de tofu, más o menos fermentados, venta de noodles, fideos y masa frescas para dumplings y pequeñas paradas con toda clase de huevos, os juro que yo algunos no sabría deciros de que animal venían…







 En cuanto a la sección de verduras, al ser un país tan grande y con diferentes climas, la variedad era increíble, ya que abarca desde productos continentales a tropicales, como las cosas más curiosas una variedad de calabacín gigante, que vendían a rodajas, brotes de soja inmensos, mangos enanos, rábanos gigantes, patatas azules…
Para entender las otras partes del mercado y no flipar demasiado hay que saber que para los chinos es muy importante que los productos que compran sean frescos,¡y tan frescos! como que los venden vivos, sí señores la sección de la pescadería parecía más un acuario que otra cosa. De hecho hay multitud de restaurantes con esta misma filosofía en la que eliges tu animal vivo para que te lo cocinen…



Como veis en la imagen las pescaderías son peceras con oxígeno. Pude comprobar en primera persona la importancia que le dan a este detalle y vi como una señora repasaba una a una 1 kilo de gambitas analizando que todas estuviesen vivas, flipo!
Entre las especies más comunes en las paradas anguilas, gambas, tortugas, ranas, erizos, algas, almejas de diferentes formas y colores y de más peces que la verdad es que no se ponerles nombre.






En la sección de carnes afortunadamente no había espacio para vacas vivas, eso sí tenían uno exclusivamente para pollos, señora escoja el pollo que más le guste que se lo desplumo limpio y descuartizo en un periquete! Pues imaginaros menuda carnicería nunca mejor dicho… os he ahorrado la imagen...





venta de algas
Al principio cuando entramos la gente nos miraba como diciendo que hacen estos dos aquí… eso sí fue sacar la cámara y poner cara de buena con una sonrisa de orejo a orejo y todos encantaos, hasta nos acercaban los ingredientes para que hiciésemos mejor la foto. Cosa que me sorprendió bastante ya que en la calle la gente me había parecido muy distante, fría y con una cierta antipatía, digo yo surgido por la necesidad de supervivencia individual en un país con tantas personas, sin embargo aquí se mostraron alegres, agradables y amables, tal vez divertidos o alagados por nuestro interés.

Una pena es que no tuviésemos un idioma en común (con la de veces que practiqué de pequeña mi chino imaginario… no debía ser mandarín…) eso sí gracias al idioma de los signos hubo un cierto entendimiento (ya nada se me resiste desde que trabajé con una chica sorda holandesa que no entendía el inglés) y pudimos sacar algo en claro: cuan cierto es ese refrán chino que dice : todo lo que tiene patas, y no sea una mesa, lo que tenga alas y no sea un avión y todo lo que nade y no sea un barco…  es decir, todo lo que anda, nada y vuela… ¡a la cazuela!

Recomendación absoluta, si tenéis la oportunidad no dejéis de visitar un auténtico mercado chino.





Bon profit!