miércoles, 23 de febrero de 2011

Mi primera vez...en la cocina

No recuerdo en que momento empezó a gustarme la cocina, ni cuando se me ocurrió por primera vez lanzarme a cocinar… Pero he hecho un pequeño esfuerzo, estrujándome los sesillos, para participar en esta divertida iniciativa del blog Cocina para emancipados, una especie de concurso en la que debemos contar nuestra primera experiencia en la cocina para entrar en el sorteo del libro "Cocina para emancipados".


Desde siempre en mi casa ha habido pasión por la gastronomía, mis padres nos han enseñado a comer bien, creándonos un piquito fino que nos hace que no nos conformemos con cualquier cosa. Mi madre cocina de lujo, con amor en los detalles, con ese nivel de exigencia que le hace criticar lo que a nosotros nos sabe divino.

Y lo de mi casa viene de tradición porque ya mis iaias eran unas magníficas cocineras. Mi abuela materna, la iaia paellera, y es que hacía honor a su apodo… Y mi abuela paterna, quien disfrutaba de la cocina; desde enana ya me encantaba sentarme en las escaleras-taburete que tenía, para mirar como cocinaba. Ella siempre me explicaba lo que iba haciendo y me respondía con sus risotadas sonoras a mis ocurrencias infantiles. Sus croquetas eran casi perfectas, simétricas…

Y claro con todo esto pues era algo inevitable seguir la tradición…qué remedio…



No se si fue mi primera vez al mando de la cocina pero la recuerdo como si lo fuese. Cuando tenía 15 años me fui de intercambio a Holanda. Vivía con una encantadora familia que un día me animó a que yo preparase la cena. Aunque me daba un poco de miedito, la idea me resultó tentadora, ya que después de dos semana comiendo fish fingers y platos precocinados pues ya iba echando de menos algo más casero.

Así que me decidí por cocinar una clásica tortilla de patatas, la primera que hacía en mi vida, y patatas a lo pobre, ya ves tu que patatas con patatas, vaya ideita!… pero bueno la verdad es que les encantó o por lo menos eso decían…ya os digo yo que eran muy majetes...
Lo más cómico fue que el padre, que había visitado España en diferentes ocasiones,le encantaba el conejo y me sugirió preparar un plato… y allí me ves con 15 añitos que no tenía ni idea de cómo hacerlo pero con todo el morro del mundo, le di dos vueltecicas en la sartén, pim pam pum, un poco de hierbecitas y arreglao!


Debió de quedar bueno, aunque la verdad es que no lo probé, porque tendríais que haber visto las caritas de mi holandesa y su hermana, mirando con horror como su padre devoraba al animalillo… y es que las mascotas de la familia eran ¡unos conejillos de indias!

En fin, una pena no tener fotos del momento... Era pa' verlo...

 Y a pesar de este tipo de experiencias o tal vez por ellas he ido cogiendo cada vez más interés por la cocina y cada vez disfruto más con ella.

 Se me ha ocurrido incluir un pequeño truco de mi iaia en esta entrada. Hacía unas pechugas de pollo increíbles su secreto era que las ponía en un bol con leche, ajos y perejil unas horas antes de cocinarlas. El resultado es buenísimo ya que quedan jugosas y con un saborcito muy rico.
 Os lo aconsejo!!!


Bon profit!